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DANIELA Y ENRIQUE LUCHANDO POR EL FUTURO

28 de Enero 2019
DANIELA Y ENRIQUE LUCHANDO POR EL FUTURO
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Daniela y Enrique son dos primos que decidieron dejar atrás su país  para buscar un mejor futuro para sus familias, Daniela llegó con sus dos pequeñas hijas, está en Colombia hace 6 meses, llegó al país consciente de la falta de oportunidades y de una calidad de vida para sus niñas, sabía que por la falta de comida y medicinas sus pequeñas corrían un riesgo.

“En el país no se puede estar porque no podemos brindarle un futuro a nuestros hijos… nos exponemos a que se le enferme un muchacho a uno y no podamos curarle ni siquiera una gripa”.

Aunque para Daniela no fue sencillo tomar la decisión de dejar atrás su país y a sus seres queridos, tiene claro que su lucha es por verlos mejor.

“No es fácil pasar tanto trabajo al uno venirse para acá y solo, uno piensa más que todo en su familia, en brindarle un apoyo a los que están allá, trabajar en el exterior para que puedan tener algo”.

Aunque la crisis en Venezuela lleva mucho tiempo, Daniela luchó hasta el último momento manteniendo la fe y la esperanza intacta, sin embargo los problemas de salud y la falta de suministros y alimentos los obligaron a dejar su país.

“Trabajé en una zona minera, me dieron 3 paludismos, el último que me dio casi me lleva a la muerte, no podía conseguir el tratamiento y comprendí que si seguía allí me iba a morir y por eso tomé la decisión de dejar el país”.

Enrique  aún no entiende cómo pasaron de tener una vida próspera, donde le podía dar un buen estilo de vida a su familia y ahora no puede comprar nada ni con el salario.

“Aún no me queda claro cómo Venezuela pasó a ser un país tan rico que tiene de todo, tiene agua, tiene oro, tiene petróleo, tiene diversidad a no tener nada, a que con un salario mínimo no me pueda ni comprar una libra de harina”.

Daniela llegó con sus hijas hace seis meses a Colombia, caminó con sus hijas desde Arauca hasta Casanare, trabajando como manicurista pudo sostener a sus hijas durante 4 meses, la zona en la que vivían era muy riesgosa para sus niñas por lo cual tuvo que dejar su trabajo e iniciar una nueva travesía.

“De Yopal tuve que caminar hasta Aguazul y de allí nos trajeron hasta Duitama y pude pagar un bus hasta Bogotá, sin embargo el camino no fue fácil porque mi equipaje es grande, me daba dolor de espalda y piernas, miraba a mis dos niñas y recobraba las fuerzas”.

 Enrique no tuvo tanta suerte, pues llegó hasta Cúcuta y desde allí caminó durante ocho días con rumbo a Bogotá, por fortuna cuenta que muchos colombianos le tendieron la mano y lo acercaban unos cuantos kilómetros.

“Yo tuve que caminar desde Cúcuta, camine y cola, camine y cola, me encontré con una muchacha con dos niños y los ayudé, hasta que llegamos aquí. Cuando venía por la carretera me sentaba y me ponía a llorar porque sabía que mis hijas estaban pasando situaciones difíciles pero al lado de ellas no podía luchar, porque en Venezuela no hay trabajo, no hay comida, ni nada con qué ayudarlas”.

Confiesa que en Venezuela vivía con miedo por los abusos de la policía y la fuerza militar, se sentían perseguidos e intimidados.

“La Guardia Nacional te cogía en la calle y si llevabas cuatro o cinco harinas, te quitaban dos, o te quitaban el dinero, te golpeaban, incluso a las mujeres porque a mi familia le pasó”

La Fundación de Atención al Migrante se convirtió en una luz en el camino y la atención que les brindaron los llenó de energía para seguir su travesía en busca de un nuevo amanecer.

“Estamos agradecidos por lo que han hecho por nosotros, tuvimos que dormir varios días en la calle, pasábamos días sin bañarnos, pidiendo algo para comer, y más que por nosotros por las niñas, porque uno aguanta pero duele por las niñas”.

Sueñan con volver a ver a su país próspero, con volver a tener la vida en familia y alegría que en algún momento pasaron.

“Antes en Venezuela podíamos entrar a un supermercado y con poco dinero podíamos llenar un carrito, extraño poder comprar medicamentos sin problema y no que se los entreguen al que más puede pagar por ellos, porque por eso es que han muerto tantos venezolanos”.

Hoy Daniela y Enrique se encuentran en Perú, reencontrándose con familiares que están en ese país y luchando para que pronto su familia pueda estar unida y que Venezuela vuelva a ser la nación que era antes.

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