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Renacer

10 de Septiembre 2019
 Valentina Salas
Renacer
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"Nos robaron casi todo, lo único que nos dejaron fue una de las maletas, además estábamos perdidos y teníamos mucho frío".

Maglys duró viajando dos días desde Venezuela hasta la capital de Colombia. "Teníamos lo de los pasajes, así que nos vinimos en bus".

 

Al llegar a la ciudad se dirigieron a una dirección que les había dado una amiga. Cuando llegaron al punto de encuentro, no había ningún lugar con las referencias que les habían dado. Estaba de noche, y era una de las tantas que hacen en Bogotá; cielo nublado y vientos fuertes.

 

A parte de todo, fueron recibidos por unos ladrones quienes los desprendieron de sus maletas y sus objetos personales. "En ese lugar no había nada; ¡nada! entonces nos tocó empezar a caminar, sentíamos miedo por el bebé y por nosotros. Nos tocó pasar la noche en la calle y al día siguiente fuimos a quedarnos en el terminal de allí" -hace señas con sus manos hacia el lado derecho- "y pues allá nos quedamos hasta el martes y un señor fue quien nos dio la información de este lugar".

 

FAMIG cuenta con cuatro centros operativos y entre esos está CATTT (Centro de Acogida de la Terminal de Transporte Terrestre Salitre) en donde los remitieron al Centro de Atención al Migrante.

 

"Dejé casi a toda mi familia en Venezuela, mis dos niñas se quedaron con mi mamá, una tiene diecisiete años y la otra dieciocho. Pero como están allá en la universidad, hasta no terminar la carrera, pues no sé pueden venir para acá". Ella empieza a arrullar a su bebé que se va despertando poco a poco, -hace movimientos de arriba hacia abajo con sus brazos- "así que me vine para acá con mi esposo y mi hijo por el momento.

 

"Pensamos irnos rápido para Barranquilla, allá tengo una tía que dijo que nos iba a ayudar y nos dejará quedarnos allá en su casa hasta que podamos organizarnos otra vez. Realmente no pienso volver a Venezuela a menos que la situación mejore" -risas-.

 

Sus ojos grandes y cafés empiezan a mirar hacia todo lado, observa sus maletas y a un funcionario del centro sin parar de arrullar a su bebé. Llegó el momento de coger un nuevo rumbo -alza su cabeza y se despide- "haberme quedado aquí me ayudó a descansar y comer bien, era lo que más necesitaba; gracias".

 

Maglys sale de las instalaciones con su hijo en brazos, acompañada de su esposo y una bolsa negra con un mercado que les entregó CAMIG.

Fuente: Comunicaciones FAMIG

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